15.11.14

FOC I OLI. Fuego, aceite y chivito. Historia de un pequeño local.

FOC I OLI, Aribau con Mallorca, Barceloli a todo fuego.

Hoy toca un post muy corto y bien concentrado como el local que nos ocupa. En la esquina de Aribau con Mallorca en pleno Eixample Home of the Braves, nos encontramos con un minúsculo y bastante joven local en el que comer bocadillos de alto nivel. Al decir minúsculo es que el aforo debe ser de unas 10 personas siendo generosos, entre barra cara a la cocina o barra cara a la pared o vidriera. Minúsculo y cachondo. Éste es el local que les enseñé hace meses en Twitter en el que como nombre provisional antes de abrir tenían un cartel de "Pollos Hermanos". Genial.
Una alianza franco-uruguaya como explican en su web que esconde más de lo que es visible desde fuera...

Llegué a Foc i Oli por dos motivos. El primero porque paso por la puerta casi cada día y era difícil no acabar entrando siendo un zampabollos del tamaño del ego de un/a gastrocanapero palmero. La segunda, porque uno de los referentes gastronómicos en la ciudad y del que estoy enamorado lo incluyó en su selección de bocadillos a seguir la pista en Barcelona. Su palabra es Ley, aunque a veces las leyes se desobedecen y nos encanta. Por eso fui, a ver si tenía que dar una opinión a la contra.
¿Qué se come en Foc i Oli entre clientes hambrientos y peligrosos? Bocatas. Hamburguesas. Carnes. Pollo. Y el Chivito. ¿Y qué es un chivito? Pues un bocata, en este caso de origen uruguayo, que consiste en meter un entrecot o lomo de ternera con muchas cosas entre pan. Jamón dulce, queso, cebolla, pimiento, tomate, lechuga... Una bomba de las que a priori ya nos tiene ganado el corazón. Al final la cosa es así:
Sin dudarlo, maravilloso. Gordil y encantador. Y qué maravilla de patatas!! De las de verdad. Muerte y destrucción al congelado.
 Por dentro, a modo de disección (obviar si son muy tiquismiquis con las fotos):
Un bocadillo de categoría en local a descubrir por los que gustan de pequeños secretos.
Los únicos peros a la experiencia son dos a mi modo de ver: la cocina es tan minúscula que no puedes esperar a que el cocinero acelere los pedidos. Prácticamente uno a uno, con calma y buen hacer. Si llegas en hora punta y hay 8 clientes sentados delante tuyo igual tienes que esperar un rato. Mira por la ventana y ve pasar el tiempo que no vuelve. Y dos, el pan que corona tan magno bocata. Es briox. Para lo bueno y lo malo. Lo bueno es que es suave, dulce y te lo comes sin darte cuenta. Lo malo, que se rompe, no es firme y el interior se desparrama por el plato cual cascada de Iguazú (que no está en Uruguay, no se exciten). Precio, sobre 8-9€.
En conjunto una buena experiencia, merecedora de otra visita. Larga vida al Chivito!!

3 comentarios:

Jordi dijo...

Gracis, hermoso.

Galdón dijo...

Y que aquí, en Gijón, había un pseudo-uruguayo y cerró porque ni Rita comía sus chivitos. Yo era fan. A ver si triunfa por esos lares, lo peta como moda y llega hasta aquí...

David Bagelman dijo...

Rubén, dé tiempo a las tendencias, hombre... :P