7.9.14

EPÍLOGO NEOYORKINO. Pizza, postre y Williamsburg.

El final. Epílogo y cierre. Muerte metafórica en NYC. Por el bien de todos al haberse comenzado a avistar por estos lares a curiosos personajes que van gritando "pastrami, pastrami!!" a meros trozos de jamón dulce. Llegamos a obsesiones que no son sanas y no hay que hacer el ridículo por muy acostumbrados que estemos.

Hoy un recorrido de miscelánea por una maravillosa pizza en el Village, un cheesecake de categoría superior y una visita a la cuna del hipsterismo más cool en Brooklyn.

JOHN'S OF BLEECKER STREET (278 Bleecker St.)
Sabes que no vas a fallar en una elección tan importante como comerte una buena pizza en NYC cuando vas con un nombre en la agenda y nada más llegar allí los nativos algonquines de Nueva Amsterdam te indican como primera opción la que tú llevas grabada a fuego en tu Moleskine. Así que sólo era cuestión de tiempo pasarnos a ver a John.
John's es un local histórico que lleva abierto desde 1929 como ven en la foto de arriba y que mantiene prácticamente intacta la decoración desde entonces. Entras y ves como las paredes del local están marcadas a cuchillo o navaja como verán en una foto posterior. Si buscan bien podrían encontrar una declaración de amor de un Jet a una Shark o la firma de Danny Zuko y sus colegas. Tal cual.
La pizza de John en el Village es muy fina pero crujiente. No es del tipo napolitana como les conté en Zouk, fina y maleable, sino que optan por una masa realmente muy firme que es una delicia. El borde es algo más grueso pero no es del tipo panadero Pizza Hut.
 Esa textura crujiente y firme la hace mucho más sabrosa en mi opinión. Si luego le pones meatballs, albóndigas, qué te voy a contar.
Optamos por dos pizzas diferentes que eran tres tipos de sabores. En una, la clásica margarita. En la otra, más grande, mitad con anchoas y mitad con albóndigas. Un escándalo, una maravilla.
 Al punto de cocción, maestros. Uno no sirve pizzas que son reconocidas durante generaciones en la ciudad sin saber hacer las cosas.
 Visión aérea de la maravilla. Las sirven en una especie de plataforma para que puedas mantenerlas en la mesa pero elevadas, para no molestar al plato. Las pizzas salen a unos 20€ más o menos.
 Aquí visión parcial de la pared del local, que podría ser un callejón del Bronx. A mencionar que en la zona del WC tienen una colección de fotos con celebrities añejas de la época dorada del local imaginamos, como Vanilla Ice o algún miembro de The Legion of Doom, de lo que aquí conocíamos como Pressing Catch... Maravilloso kitsch neoyorkino.
 CHEESECAKE. CARNEGIE DELI (854 7th Ave, zona Central Park)
Homenaje y agradecimiento a mi buena amiga Annits. De ella surgió en una conversación cruzada con Letibop la obligación de pasar por el Carnegie Deli a comer...pastrami. Pero ya era demasiado tras las visitas que ya han visto aunque nos recomendó a la vez el Cheesecake del local. Lo diremos claro: el Carnegie es un deli tipo Katz's, lleno hasta la bandera, pero esos locales no son del tipo Rambla. Se come de maravilla y la tarta de queso fue un escandalazo de los que marcan época. Dejo para el final la foto que contesta a la pregunta clásica sobre el precio...
El cheesecake del Carnegie es seguramente el mejor que yo haya catado jamás. De un tamaño descomunal y un peso aún más descomunal, sirvió para tres, sí tres, sesiones frente a él. Comerse semejante mastodonte de una sentada hubiese sido contraproducente de cara a futuras visitas que aún nos quedaban en la ciudad... Vaya que la OMS recomienda no tomar más de una porción al semestre ante posibles problemas de salud derivados de lo mismo.
 Esto no es el Carnegie como imaginan. Ante la infinita cola en la puerta del local me limité a entrar para pedir una porción para llevar y la degusté lujuriosamente en la soledad del apartamento.
 Tal vez no se vea bien, pero es una porción MACIZA. A peso debe ser más de medio kilo, seguro.
 Y aquí la respuesta a la pregunta anteriormente formulada:
 Yo no sabía lo que me iba a costar. Pensé que era un atraco al pagar y me pareció una gran RCP al acabar la ración dos días después.

MARLOW & SONS, WILLIAMSBURG (81 Broadway, Brooklyn)
 La modernidad; el centro del mundo. Un paseo por Williamsburg improvisado, sin referencias. El puente y la orilla del East River. Allá, sorpresas. Un barrio poco parecido al que había imaginado, con calles algo desiertas, dormidas, pero salpicadas de locales hipercool para gente muy guapa. Pedimos consejo a los gurús conocidos en NYC y nos dieron unos cuántos nombres, dos de ellos pared con pared, del mismo propietario. The Diner y Marlow & Sons. El primero en un antiguo diner cincuentero. Un espacio mínimo y una carta de desayuno/brunch (era domingo) muy limitada. El segundo, más violanesco e interesante en su carta. Menos espera para poder comer nos decidieron a entrar aquí y Marlow se portó muy bien.
 Eliminamos el bagel como opción y fuimos a algo menos tratado en el viaje. Ostras y langosta. Evidentemente a precios asequibles, incluso baratos en el caso de las ostras. Empezamos con la artesana de rigor, IPA Founders en este caso. (Siento las fotos pero el local era oscuro y no utilizo flash jamás)
 Las ostras muy correctas. Ración de 6, tamaño M-L. Muy jugosas y frescas. Condimentos varios.
 El lobster roll con langosta de Maine, Nueva Inglaterra, muy sabroso gracias a una carne muy jugosa. No era un bocadillo al uso, más bien un soporte para los trozos de langosta. Se acompañaba con patatas fritas de bolsa. Todo muy cool, ya ven.

 La otra opción fue el Biscuit (panecillo, no bizcocho) con queso y bacon, sin huevo. Por la cara de minibagel no estaba nada mal.
 La verdad es que no recuerdo el precio pero tal vez rondara los $45. Cervezas, ostras, langosta, no se puede pedir mucho más. Sí, más cantidad, pero eso no queda de moderno. Fue una experiencia más que positiva en uno de los locales famosos del barrio. Al menos de los que tienen cierta solera. Funciona también como tienda deli e imprimen su propia revista sobre el barrio. Mo-der-nos.
 El detalle de la mesa, ya saben. Dime qué mesas tienes en el local y te diré qué pretendes. Y el servicio, simpático como siempre en NYC.

Con esta entrada sobre todo un poco acabamos la serie neoyorkina. Esto no pretendía enseñarles cómo es NYC porque si no van no lo van a saber a través de estos posts. Hay que vivirlo y hay que comerlo. New York bien vale un estómago nuevo.
Espero que les hayan gustado estas entradas y las hayan disfrutado al menos un poco. La intención era traer unas cuantas fotos que valiesen la pena y les gustaran y espero haberlo conseguido (no por las últimas...). La idea es que los posts les puedan servir por si un día viajan a esa increíble ciudad o conocen a alguien que lo haga. Que miren, comparen y decidan. 
Para mi ha sido un placer vivir New York e intentar reflejar algo de ella en el blog. Me consta que las entradas han tenido una buena acogida y se lo agradezco a todos. 
Hasta pronto, ya en Barcelona.

31.8.14

TRILOGÍA DE NUEVA YORK (+1): PASTRAMI.

Tercera hoja del Diario. Tercera entrega del Dietario de un bloguero en Nueva York. Tercer post sobre la Ciudad que jamás deja de oler a comida.
En la tercera ocasión, la apoteosis. Para otros, el Apocalipsis.

Es seguramente la entrada más sorprendente y espectacular. Una entrada sobre raciones de proporciones bíblicas y exageradas tal cual es la Ciudad de la que hablamos y nos sentimos parte. El exceso y la Gloria, el éxtasis de ese gran desconocido pero miembro de la familia como es el Pastrami. No toca hoy hablar del producto y sí de lo que conlleva el mismo. El imaginario colectivo nos sitúa el bocadillo de pastrami en las películas de mafiosos italianos. Nos lleva en demasiadas ocasiones a pensar en el origen italiano del producto, pero nada más lejos. Esa ternera ahumada, prensada y especiada viene de esa maravillosa Europa Oriental que nos es tan cercana y que tanto desconocemos. No es hasta que la cultura gastronómica europea, principalmente judía, se traslada a Nueva York a través de infinitas migraciones, que empezamos a vislumbrar su grandeza. Y nos llega gracias a Hollywood o a la HBO. Y empezamos a tener ganas de probar esa delicia. Y poco a poco vamos llegando a él; a una versión, no al original, porque llegar a lo que van a ver aquí es tarea imposible por ahora.

Les traigo un par de muestras del pastrami neoyorkino tradicional. No hubo una tercera porque fue imposible entrar al Carnegie Deli por culpa de unos turistas borregueros que se agolpaban en la puerta (…) pero ya nos hicimos a la idea de la magnitud de la maravilla con estas dos visitas. Dos clásicos, aunque uno mucho más conocido y visitado que el otro. Un error, en mi opinión, como suele pasar.

2n AVE DELI (33rd St & 3rd Av)
Este deli es un clásico. Seguramente la marca más auténtica que queda en NYC.
Hace 8 años en una anterior visita a la ciudad nos encontramos con que el 2n Ave estaba cerrado. A saber; les habían subido el alquiler y no podían seguir pagando el arrendamiento en la 2a Avenida. ¿Les suena? Pero la ciudad no podía permitirse el lujo de perder el local judío con más encanto de Manhattan, y recientemente han abierto en esta nueva localización. Éste es un local punto de encuentro de intelectuales, artistas y gentes de bien de la ciudad, que toda la vida y de generación en generación han pasado buscando un pastrami de calidad superior que jamás defrauda. Deli de rancio abolengo y garantía.

Un icono histórico, memoria viva de la ciudad. Restaurante, cafetería, charcutería. Todo en uno.
Como pueden comprobar en la carta el pastrami no es un producto barato. Menos aún en un local con esta solera, y el sandwich puede salir por cerca de 20$, pero qué sandwich...
Al principio te ponen un poco de coleslaw y pepinillos como entrante, cortesía. Pero veníamos con hambre y no conocíamos aún el bocadillo en sí... Así que pedimos otro clásico judío askenazí como es la knish o potato knish. Una especie de relleno de puré de patata que se hace al horno y que pueden encontrar en versiones mucho más humildes en puestos callejeros por la ciudad. Aquí, con su mostaza y su cuchillo que llega así tal cual a la mesa.
Y aquí el magno sandwich de pastrami. Tal cual, sin artificios y que deben multiplicar por dos puesto que aquí sólo ven la mitad del mismo... Maravilloso. Un pastrami increíble, suave, sabroso, nada pesado y que como ven viene en abundancia. No se respira miseria, no. Pan a mejorar.
Aquí junto al otro bocadillo pedido. El Kosher Club, por encima de los 20$ al llevar pastrami de ternera y cantidades ingentes de pavo. Muy fácil de gestionar con las manos como pueden imaginar.
Como suponen hay que vaciar un poco el sandwich para poder agarrarlo con fuerza, y eso sí, una vez agarrado ya no se escapa.
Detalle de un pastrami muy diferente al que encontraremos en el siguiente y mucho más popular local. Cada uno debe tener su receta propia. Para que se hagan una idea, el pastrami se sirve caliente, como carne que es, y no es en absoluto un fiambre/embutido frío cuando lo pides en estos locales.
Aquí el Kosher Club triple sandwich. Maravilloso, aunque se podría mejorar un poco la sequedad del pavo. Porque compararlo con el divino pastrami es obsceno.
A remarcar también en la experiencia la simpatía del manager del local, que te hace sentir como en casa, rodeado de neoyorkinos de verdad comiendo pastrami de verdad.

KATZ'S DELICATESSEN (East Houston & Ludlow)
Muchos días después, evidentemente, llegamos al mundialmente conocido Katz's Deli. Otro mundo, otro concepto; el Disneyland del pastrami neoyorkino por culpa de Meg Ryan, su orgasmo fingido y el empanado de Billy Crystal. Un local tamaño XXL, una cola para pedir XXL y un sistema de tickets para poder salir del local algo extraño. Te dan un ticket en blanco y lo llevas al mostrador, donde te anotarán lo pedido. Al salir se entrega y se paga. Pero todo el mundo recibe uno y aunque no lo utilices porque vas con alguien tienes que entregarlo al salir. Vigila no lo pierdas!! Al parecer, si pasa, hay problemas y multa. Se ponen muy duros... Así, ya entras un poco de lado. Por suerte, se come de forma espectacular...
Katz's es una experiencia bastante brutal y no se puede negar. Un festival en toda regla. Sandwiches alrededor de los 20$ como en el anterior local (algo más caro) y raciones XXL en el Templo del Pastrami por antonomasia. Si van no pueden salir decepcionados por lo que coman. Tal vez por el precio, tal vez por la aglomeración, pero la experiencia vale la pena.
Este pastrami, a diferencia del 2n Ave, es algo más grueso y carnoso. Una maravilla carnívora con su exterior chamuscado por el proceso de ahumado que dura horas y que realizan en el mismo local.
Y como pueden ver en la foto, diferencias. En esta ocasión pedimos un Reuben, con Corned Beef que es similar al Pastrami pero sin ahumar y con menos especias. Para que me entiendan es como esa ternera que se añadía en el cocido y que era tan jugosa, desmigándose al tocarla... Pues eso, en un bocadillo. Cómo sabe esta gente.
Se le añade queso, col fermentada (chucrut) y una especie de russian dressing y listos. Una maravilla total, sabrosa, espectacular. No se puede pesar pero estos bocatas deben pesar cerca de medio kilo cada uno. Dos mitades, ideal compartir. O llevarse las sobras en un doggie bag como hicimos, por supuesto.
Bocadillazos, sin más. Eso es una falda y no las mini.
Holocausto caníbal total. Si tiene buena pinta, que la tiene y no lo nieguen, en boca es aún mejor. Una bestialidad entre pan de centeno. Tan bestia que hasta el sandwich de Tuna salad es gigante... Otra maravilla, más sana, supongo que la otra.

 Para beber, agua del grifo, como mandan los cánones newyorkers y la economía de guerrilla del turista de medio pelo. Estética kitsch y ni rastro de Meg Ryan y Billy Crystal, por suerte.

Conclusión:
Dos bestias del Pastrami. Un cuerpo a cuerpo de vacas sagradas de varias toneladas que acaban en un bocadillo como pocos en el mundo. Es difícil dilucidar dónde se debería ir si visitan NYC para comer pastrami. Por mi parte, y lo siento por los fans, si tuviese otra oportunidad y tuviese que elegir preferiría la humildad y autenticidad pausada del 2nd Ave antes que la locura turistera de Katz's. Maravillosos los dos, pero existe una especie de jerarquía inexplicable de uno sobre el otro. Debe ser la ausencia de turistas y la presencia de clientes que cada semana se pasan a desayunar por el 2nd Ave. Larga vida a los dos, ahorren para esos bocatas y no se los pierdan.
 
EXPERIENCIAS con mayúsculas. Por el pastrami uno se podría plantear volver a NYC. No haría falta nada más.



PS: Ya queda el bonus de NYC. No sufran, esto ya se acaba.

27.8.14

TRILOGÍA DE NUEVA YORK (+1): HAMBURGUESAS.

Seguimos con la segunda parte de las aventuras y dietario de lo acontecido en la capital del mundo. Esta vez nos dedicamos a uno de nuestros bocadillos favoritos y más veces posteado en el blog: la hamburguesa. 
EEUU es la Tierra de los valientes y las hamburguesas, así que como no podía ser de otra forma nos dedicamos en cuerpo y alma a encontrar algunos locales que valiesen la pena y pudieran ser objeto de visita y posterior veneración mesurada. Como en el anterior post, cuatro locales y cuatro espacios para engordar como los ángeles, hasta convertirnos en rollizos personajes alegres mofletudos. 

Vayamos a los locales. Por orden de visita y en ningún caso un ranking. Al final haré unos comentarios a modo de conclusión para intentar dilucidar cuál de ellos me pareció más interesante y digno de posteriores e hipotéticas visitas.
Antes de nada, agradecer a los contactos habituales sus sugerencias y buen hacer.

SHAKE SHACK - Diversas localizaciones
 El Rey de la hamburguesa moderna nos esperaba mucho antes de llegar a NY. Era una de las visitas más esperadas y recreadas mentalmente durante semanas antes de coger el avión. La obsesión Shake Shack, los nuevos Reyes Midas del mundillo y los gurús del hipsterismo fast foodero. Evidentemente fue una pequeña decepción.
No por la calidad de la hamburguesa, que estaba bien, pero es que estaba bien. No me repito, sólo describo. Estaba bien, no era espectacular ni creo que valiese la cola que tuvimos que hacer y que tienen en la foto de arriba. Además de la cola, la espera hasta que llega tu turno y te avisan con esta especie de "busca" noventero hormonado. Total, de rápido poco y no es un restaurante, así que algo falla en el concepto. Es la mcdonalización de la teórica calidad del fast food. Igual mueren de éxito. O igual perduran en la eternidad. 

 Sus hamburguesas son buenas, sabrosas y jugosas. Pero son pequeñas! Demasiado. Para que nos entendamos, son del tamaño de una cheeseburger del McDonald's o tal vez algo más. Pero poco. Es decir, que se disfrutan en unos segundos y se acabó. Y toda esa espera se desvanece como lágrimas en la lluvia. Una pena que no se estiren algo más, la verdad, porque la buena pinta y el sabor lo tienen. Pero el hype mató la experiencia.

 Por dentro la salsa era muy buena. Picante con sus chiles y hamburguesa hecha en su punto.
Siento el desenfoque pero intuyen y entienden el concepto de la burger que tienen delante.
 El Grilled Cheese es baratuno pero es que es un pan de molde con queso a la parrilla. Sin más. Recomendado para niños hartos de carne.
 Las patatas eran considerablemente pintonas aunque les fallaba la textura. Básicamente porque habían estado hechas demasiado tiempo y se notaba ese tacto algo gomoso. Pero la pinta, maravillosa. Y en realidad no estaban tan mal.
 BAREBURGER - Diversas localizaciones
 Aquí, un restaurante de hamburguesas. De los de verdad. Con sus mesas, sillas, carta amplísima, infinitas combinaciones y mucha tranquilidad. Apuntados al rollo orgánico (en auge en todo el mundo y de gran calado en los States), Bareburger fue una experiencia maravillosa.
 Decoración cuidada, atención maravillosa, sin aglomeraciones... 
 Y ante todo, su hamburguesa, en este caso una Supreme. La acompañé con un batido de vainilla tipo peli americana en un diner que era un escándalo. Tamaño XL, vaso metálico para mantener el frío y un sabor increíble a la altura de cualquier helado top de Barcelona y alrededores.
No pedí acompañamiento para la hamburguesa porque ya venía incorporado. En efecto, el bocadillo venía con 3 aros de cebolla tamaño gigante y que eran una maravilla absoluta. Contundentes, en su punto, rebozado nada grasiento y cebolla de verdad tal como rezaba la carta. Ven dos coronando la hamburguesa y otro más en el interior. Maravilloso.

La hamburguesa, tremenda en sí misma. Créanme que ésta sí que era una hamburguesa como para hacer cola por ella. Otro concepto, otro nivel.
Bajo el aro interior, un poco de bacon ahumado y Colby Jack, un queso americano que quedaba genial en la combinación. 

Me gusta la filosofía del sitio, me gusta su hamburguesa y me gustas tú.
 CORNER BISTRO - West 4th & Jane St
 Al parecer Corner Bistro es una institución en NY. Fui doblemente recomendado, desde Barcelona pero también me hablaron de él en la ciudad al preguntar a unos amigos dónde debería ir de visita. Tan conocido es que fue el último lugar donde se vio con vida a Philipp Seymour Hoffman antes de morir por sobredosis según me contaron por ahí... Vaya, un sitio de fama.
Es un local con una gran tele donde ver deportes y una carta que se limita a tres o cuatro tipos de burger. Cheeseburger, normal, con bacon y poco más. Bueno sí, la que elegí yo y que me dejó algo frío... Sólo tienen que ver la foto de aquí.

 Una Chiliburger diferente a lo que esperaba. Tras esa montaña de chili y queso, una hamburguesa abierta con su pan y todo. Para comer con tenedor. Con tenedor!!! Un escándalo, lo sé. Pero la verdad es que la hamburguesa estaba espectacular de sabor y al punto. Pero eso de comer frijoles con tenedor sobre mi carne no fue una buena idea. Una lástima porque era calidad.
Después, las otras elecciones: una hamburguesa normal con bacon y una cheeseburger de toda la vida. Maravillas simples. Sencillas, minimalistas, plato de plástico, no se cobra con tarjeta. Una muy buena elección en local mítico, a pesar de esa lechuga.


 FIVE GUYS BURGERS AND FRIES - Diversas localizaciones
 Y aquí mi número dos de la lista previa al viaje a ninguna parte y a todas en NYC: Five Guys Burgers and Fries. Otra institución de la comida guarrera americana prototípica. Una maravilla, vaya. Aquí no engañan con modernidad impostada ni discursos conceptuales. Aquí hay hamburguesas y patatas en un local blanquirrojo que sí parece un McDonald's o similar. Sin problema. Aquí sabes a lo que vienes y lo tienes claro. Y no les voy a esconder que tras salir del local empecé a notar cómo me subía el colesterol. Literalmente, ahogándome junto a Union Square en una agradable noche de agosto.
En Five Guys las patatas eran de Idaho el día de autos o de la zona que marquen en la pizarra al fondo del local. Y son la repera. Pinta, sabor, textura (para el nivel de un fast food, aclaro).

 En Five Guys te sirven la hamburguesa en un papel de plata. Sin más. Ni packaging ni hostias. ¿Quién se va a quejar al Departamento de Medio Ambiente si éste existiera? 
 En Five Guys no pides bebida. Pides tamaño. Y al fondo del local está la máquina de tus sueños de la bebida. Primero porque vas a poder rellenar el vaso las veces que quieras (o al menos la gente lo hacía y yo lo copié), y segundo porque si quieres una simple Coca Cola puedes elegir entre normal, Diet, Zero, Vanilla, Cherry, Orange, Lemon y un largo etc. Sí, cada bebida con 8 variables. Y hay como 20 bebidas diferentes. El paraíso de la Bag in Box y el jarabe de Coca Cola. Elegí Vanilla Coke como debe ser.
 En Five Guys la hamburguesa normal lleva dos hamburguesas y son 1000 calorías. Sí, si no te fijas bien en el menú y pides la normal, vienen dos hamburguesas. Si quieres una, pide la Little burger. Le llaman Little a la normal, supera eso. Y puedes pedir online y te la llevan a casa. Y el queso es una guarrada maravillosa que se pega a todos sitios. 
 Son unos Willy Wonkas hamburgueseros del S.XXI. Y salí encantado porque era lo que buscaba en un local así.


Conclusiones:
El mundo de la hamburguesa neoyorkina no supera la escena barcelonesa. Hay una variedad infinita pero para comer buenas hamburguesas no hace falta cruzar el Atlántico, tal como sí sucede en otros segmentos del mundo del bocata. Podrán encontrar más tipos, más bebidas, más variedad, lo que sea, pero al final, la hamburguesa como experiencia y en mi humilde opinión ha alcanzado en Barcelona un nivel más que respetable. Eso sí, en el subgrupo de la guarriburger nos ganan por mucho con su infinidad de variables y oferta.
Una curiosidad de este mundo del bocata neoyorkino es que hay una ley que obliga a los establecimientos con más de un local en la ciudad poner junto al bocadillo sus calorías. Ayuda a elegir (...) por rara que sea la normativa. (¿Por qué no en todos los locales?)
Sobre los locales en sí creo que ya han quedado claras mis preferencias. En el lado de la hamburguesa con clase, de mesa y mantel, Bareburger merecía otra visita. En el mundo de la guarriburger, Shake Shack mola mucho por sus locales y ese rollo, pero disfruté como un gorrino extremeño mucho más en Five Guys. No es tan molón y no es más barato que Shake, pero si buscas una hamburguesa guarril en NYC, ves a Five Guys y suda colesterol a gusto. No te será difícil encontrar uno, debe haber decenas de ellos en Manhattan. 
Larguísima vida al bocata americano por excelencia.