7.8.15

GRASSHOPER. Insectos siguiendo el hype del ramen.

GRASSHOPER, Plaça de la Llana por debajo de Mercat de Santa Caterina en zona de Pretiola.
Vamos de novedades de las buenas. Este local acaba de abrir y tal vez pierda su virginidad virtual mediática ahora mismo. O no, pero paso de buscar en google si alguien se ha adelantado cuando lleva abierto un día. No puede ser, punto, me niego. Nunca se sabe pero tiene que ser primicia porque teníamos chivatazo, por favor! Así están las cosas, si te duermes no haces más que repetir posts que ya se han visto en otros sitios antes y eso jode porque aquí estamos para sorprender y ganar la fama, sudando si es menester, para que nuestro ego se hinche y la gente te reconozca por la calle después y quiera tener hijos contigo aunque sean adoptados.
Nos hemos desviado un poco. Grasshoper es el nuevo local de la familia MOSQUITO y RED ANT. Eso quiere decir cocina oriental medio fusionada y en este caso específica sobre el ramen y otros estilos de fideos junto a un par de platos sin ellos. Una cocina limitada por el tamaño del local y una barra desde la puerta hasta el fondo del mismo en el que acomodar a unas 15-20 personas como mucho a la vez. Claro que se pueden sentar ustedes encima de otras personas pero igual es un lío y tal. Pero oye igual crean tendencia y algunos fetichistas lo convierten en una nueva actividad sexual o algo. Nos hemos vuelto a desviar.
Aquí la carta que comentábamos:

 No hay nada más; el resto de la carta es una maravillosa elección de cervezas lámbicas y otras de diferentes estilos de la marca Beercat que parece ser el sponsor exclusivo del local (o socios o algo, seguro). Una apuesta arriesgada si no eres cervecero porque aunque hay vino y esas cosas raras e incluso refrescos orgánicos, veganos y tal, lo que predomina como ya marca el logo del local es la cerveza artesana. Lo sentimos por los talibanes de Estrella Damm y las cañas del Averno.
Abajo, una maravillosa cerveza artesana luciendo como en su puñetera vida podrá hacerlo una industrial. 

 Sobre la comida, garantía. Mosquito y Red Ant son dos clasicazos de la ciudad y nadie puede no haber probado sus especialidades. En local o en calle. Como muestra este local, la gente de Mosquito tiene un compromiso más que fuerte con el movimiento revolucionario cervecero y siempre están presentes en todas las ferias que se hacen con sus ya hiperconocidos Buns de panceta, pato o cuello de cerdo. Si no los has probado es que te gusta el vino biodinámico o vives en Galicia. Hasta la gente de Sant Pere de Ribes puede llegar a conocerlos, en serio.

Con esa garantía total, GRASSHOPER es una bomba. Un exitazo en potencia sin dudarlo un segundo. Una cena maravillosa a un precio más que competitivo y un local que entra en pugna con los grandes de la escena ramenera como son Ramen Ya Hiro o Koku Kitchen en la parte cuqui mainstream o Shimanto como sleeper robaescenas desde Les Corts. No sé si estamos en la ebullición ya del hype, diría que no, pero igual ahora que las cosas están más tranquilas e imagino que las colas en Hiro van de bajada, esta nueva opción viene a recordarnos que no de modas se alimenta el humano gorderas y que aunque ya no tal, el ramen no nos va a dejar tan fácilmente. En dos generaciones se convertirán en nuestros espaguetis con tomate Solís.
Empezamos con unas gyozas de cerdo maravillosas y que no fueron fotografiadas porque estaban demasiado buenas. Tres. Grandes, contundentes, sabrosas, pasadas por sartén y no hervidas al vapor que eso es de cobardes y un inicio prometedor esperando el ramaná. (Broma)

Y llega. Disculpando la calidad de las fotos porque en el local la luz es tenue o por debajo de tenue. Ideal meterse un palillo en el ojo pero como ahora es moda no ver un carajo o pensar que estás cenando en una sauna del Gayeixample (me cuentan) pues es lo que hay y te aguantas. Por suerte la música bien y al volumen que tocaba.

 El ramen de Miso, una bomba maravillosa de sabor descomunal con una carne de cerdo épica. El caldo es el secreto de todo y la potencia del mismo, poco usual de ver al estar equilibrado y no estar directamente salado como suele pasar en demasiados sitios donde confunden velocidad, tocino y bacon inglés. El fideo, en su justo punto de cocción, con cuerpo y sabor, y el huevo, qué decir del huevo... Maravilloso de igual manera y nada cocido para dejar que la yema melosa acabe de influir en ese caldo de los Dioses fideísticos. Una ración descomunal por 8€. Platazo de antología con disfrute y churrupadas varias. Bueno, lo que viene siendo lo normal en esos casos bajo esa premisa.
 Cocina minúscula, un cocinero, un par de camareros que atienden la barra (estos días para ponerlo todo en marcha el mismo propietario está poniendo en orden el local), una decoración minimalista escandinava lejos del rococó industrial de otros locales con una barra de madera y unas paredes blancas para un restaurante con muy buena pinta y que en invierno va a ser local de encuentro de frioleros en busca del caldo de la abuela japonesa.
Plano del local con porrón al frente. Díganme otro local que no sea el Celler Cal Marino donde beberse una lámbica así, como debe ser.
Va, mariden y vean, que estamos mu locos. 

1 comentario:

Paula Loew dijo...

hola! acabo de conocer a tu blog.
Genial el post! Lo de sentarse uno encima del otro... igual marcan tendencia y todo, como lo has dicho! ;-)
Me gusta el Moskito; probaré a este tambien.
Gracias por estar alli! un saludo, Paula
www.eltornbarcelona.com