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21.5.14

CAN VILARÓ. La familia tiene un bar. De comida casera.

CAN VILARÓ, Carrer Borrell amb Manso, delante de Mercat de Sant Antoni.
No se puede vivir en esta ciudad sin haber sucumbido por la gracia de Dios a la recuperación innegociable de la comida casera. Tras años de sucumbir a la moda de técnicas avanzadas que hacían enrojecer a la NASA y de nombres de platos hipercomplicados que hacían necesarios varios cursos de metafísica metalingüista dirigidos por el mismo Chomsky, lo tradicional ha vuelto. Aunque en realidad nunca se fue pero le habíamos dado esquinazo. No existe la modernidad innovadora sin la tradición. Estoy convencido de ello como los grandes gurús de esto, pero ni viene al caso el debate ni importa mucho la opinión de un neófito como quien les escribe. Para eso está comedordepatatas.blogspot.com.es que es donde escribo mis pajas mentales irreflexivas.

En todo caso nos encantan los sitios de tota la vida y nos encantan que sigan como tota la vida. Alejados de modas, chorradas estéticas y tendencias maléficas que arruinan el tejido social y nos convierten en hijos de lo inmediato que olvidan el pasado. Por eso nos gustan los sitios que son patrimonio y que no ceden. Y que resisten. Y que dan la cara. Y que ofrecen cosas interesantes, evidentemente. La tradición en sí misma no es ni un valor ni una garantía. Ahí tienen la corrupción y los toros, por ejemplo.

He aquí lo que se ofrece en uno de los locales fetiche del (casi) siempre grande Quim Monzó.


































Platos de siempre, catalanes com ha de ser y a precios más que ajustados. Hubiese pedido prácticamente uno de cada, excepto el higado y los sesos tal vez...Uno ha comido mucho tiempo en McDonald's pero no está preparado para todo...Pero como no podía ser menos, la casquería tuvo su protagonismo fetichista en la comida. Como casi siempre. 
Tenía claro al llegar al abarrotado local que iba a comer algo muy típico. Algo que dificilmente te encuentras en esos restaurantes michelineros a los que suelo ir cada día. Por eso me decanté por unos fideus a la cassola, por el antojo de algo que hacía un lustro que no comía y porque qué carajo, es un plato hipermegacuquilesstradicional. La lástima es que estaban tal vez algo pasados de cocción, para mi gusto, aunque igual la hora tuvo algo que ver al ser últimísima hora del mediodía, cerca de las 3:30pm. Imagino que se cocinan varias tandas y luego ya no más, con lo que si esta cazuela llevaba mucho rato cocinada los fideos siguieron su cocción hasta un punto más allá de lo recomendable. Aunque yo soy muy de pasta estilo napolitana que casi cruje e igual el problema soy yo. Sus costillitas, su buen caldo, sabroso e ideal para mojar hasta secar el plato. No un plato excesivamente grande, pero, ¿han visto el precio?

De segundo, el plato que tenía marcado con una X del tamaño del ego de algún cocinero francés estrellado: la tripa i cap i pota de la que siempre habla Quim Monzó en sus desayunos. Estaba claro y ahí fui. Gloriosos. Sin más. Ración menor tal vez que en otros bares fetiche de este blog pero de resultado mejorado. Grandísimo sabor a la altura de las piezas ofrecidas. Pocas pero XL. Los callos son un plato sí o no para mucha gente. Para mi siempre son sí y en el caso de estos en particular son muy sí. Amor a primera vista y dignos de vueltas infinitas a Sant Antoni.
Vista cenital del plato para observar la variedad del mismo y las piezas maravillosas que merecen una standing ovation sin discusión. Larga vida a la casquería.
De postre como colofón tradicional catalán como debe ser, un mel i mató que no se lo saltaba un burro catalán. Maravilloso en textura y generoso en mieles, del triunfo, para ser más exactos. Otro de esos platos innegociables cuando te lo encuentras cara a cara.
Una visita muy positiva a todos los niveles a Can Vilaró. Con el único pero matizable a los fideos, los callos fueron de altísimo nivel y el postre no desentonó en absoluto. Hay que volver a este local porque la familia se lo trabaja. No sé si toda la gente que atendía era familia pero al menos lo parecía. Los amigos inspiradores de este post que son la gente de Sant Antoni (i part de l'estranger) tienen más info y conocen mejor a Sisco y a Dolors. Años de buen hacer, por eso siguen dando guerra y ofreciendo comidas de alto nivel. Los clásicos nunca mueren. Que mueran otros primero.

8.12.13

REKONS. De vermuts y empanadas argentinas.

REKONS, Comte Urgell con Floridablanca, chaflán soleado matutino ideal vermut.
 Del restaurante-Bistró Rekons tenía alguna que otra buena referencia pero como saben que sólo nos fíamos de gente que haya acreditado cierto buen gusto comiendo bagels o bebiendo cervezas artesanas asiduamente, nos dirigimos a corroborar o no esa información. 
Nos encontramos con un local que vive en la calle, que tiene una terraza que parece hacer las delicias entre el respetable a la hora del vermut o similar y que suele estar llena o llenísima. No pudimos disfrutar de ella, con lo que nos tocó entrar y subir al piso de arriba al estar también al completo la parte de abajo en la que hay pocas mesas. El problema de subir al altillo es que no había mucha luz y las fotos son bastante pobres. Pero lo perdonan porque esto es gratis. Lo bueno de la parte de arriba es que hay como un pequeño reservado ideal para pasar desapercibidos si no quieren mostrarse al público. Oscuro pero acogedor, como la cueva de Gollum. Aquí las vistas desde el upper floor.
Rekons se define como bistró nominalmente pero no sé yo si la definición es muy correcta, o al menos no acabo de verlo claro. En todo caso es un local que se distingue por el vermut en vaso gordo con su naranja incluída y empanadas argentinas. Porque Rekons es un restaurante argentino y se nota en su especialidad. Empanadas de todo tipo, forma y sabores. Damos fe de que están muy bien. (Aunque la foto no hace justicia). 
En este caso probamos la de butifarra, la de chorizo, la de berenjena y queso y otra que no recuerdo ahora mismo. Todas muy correctas y aconsejables.
Compartimos una ensalada individual que podía perfectamente haber sido para cuatro personas. A lo grande. Un cubo de una ensalada total, con lechuga, zanahoria, manzana, tomates, berenjenas, setas, ricotta...un no acabar, en lo metafórico y en lo literal. Muy bien, agradable sorpresa.
Como plato contundente elegimos una milanesa. Como ven vuelve a ser a lo grande. Ensalada y patatas en el plato. Casi nada, podrían comer otros dos con este plato. No es una milanesa tamaño XXL como la de la Pizza Austral (mmm) pero es XL y con una diferencia sustancial: aquí le ponen rodajas de tomate natural, no salsa. Y la verdad es que queda muy bien y la hace contundente. Y sanísima a la vez. Carne vegetal. No sé si cuela.
Para el cierre aunque las pedimos al principio, la cazuela de patatas con salsa brava. Sentimientos encontrados. Decepción, o cierta decepción visual, pero sorpresa positiva en el paladar. Unas patatas que no eran bravas al uso y una salsa muy mejorable, pero que hacían un conjunto ciertamente agradable y del que dimos buena cuenta. Bueno, nos sobraron unas cuantas (a esas alturas íbamos a explotar) pero nos las llevamos a casa, faltaría más. Salsa (diría) industrial, orégano a toneladas y unas patatas más que aceptables. Extraña atracción que no puedo disimular porque me gustaron y eso es así. Uno tampoco es el summum de la exigencia cuando se habla de guarrindongadas.
Tienen montones de empanadas, ensaladas, bocadillos y cazuelas. Pueden comer mucho y bastante bien por poco más de 10€ y eso siempre hay que tenerlo en cuenta. 

13.11.12

BOHEMIC. Bravas y cervezas, pero no es un bar. Clase.

BOHEMIC, C/Manso con Viladomat, Barcelona bohemia.
Este es un post largamente anhelado por mi mismo. No sé si por ustedes, pero tenía que hacerlo.
Hace lustros que leo y releo sobre las bravas del Bohemic y ya me las había comido mentalmente unas cuantas veces. Posts a tutiplén y blogs de prestigio ya han hablado de este increíble restaurante que ojo, no es un bar.
Y si escribo este post es por dos razones. La primera, ésta:
Las patatas bravas underground más famosas de la ciudad. Entre los entendidos tienen una fama equivalente a las míticas del Tomás (que no he probado) y se dice que son mejores. Yo les diré una cosa: me decepcionaron un poco. Estaban muy buenas y la salsa es espectacular y muy original, pero el conjunto no me pareció que fuesen espectaculares en su conjunto. Siento disentir de la corriente que cree haber encontrado el Grial patatil, pero como siempre, debo estar equivocado.

La segunda razón es porque es un restaurante espectacular. Simple y llanamente, y si le perdonamos el desastre de las cartas en folios con manchas que no son dignas de lo demás. Buen gusto en el interiorismo y una cocina con una clase que rezuma talento por todos los costados. Un restaurante de cocina creativa pero sin caer en el patetismo ilustrado por el que todos deberían pasar en algún momento si consiguen reunir unos 30-35€ por cabeza.
Ideal grandes ocasiones y para gourmets con inquietudes.

Aquí, el menú con el que nos obsequiamos el día de autos. Compuesto de 6 miniaturas, o entrantes, sin plato principal al no llegar con el hambre del asediado medieval. Y podemos decir que comimos más que bien, y salimos en forma de barrica tonelera por la puerta. Para acompañar, cervezas y una copa de vino. Al final, todo por 33€ por persona.

Las bravas de la discordia. Muy recomendables, pero vayan con la expectativa algo baja. En todo caso las volvería a pedir siempre que fuese. (4.7€)
Buñuelos de bacalao, que fueron, sin duda, lo más prescindible de la jornada. Aún así, muy sabrosos. (5.6€)
Ensalada de cangrejo real, del tipo dinástico, no de real tangible. Muy interesante combinación con esos brotes variados y ese cangrejo sobre mango(?). Ligera, recomendable. (6.8€)
¿Y aquí que hay? ¿Un tricornio de Calatrava?
No, un risotto de anémonas con gambitas de impresión bajo una espuma de lima que volaba por el ambiente. Desaparecía tras un rastro de frescor. Y el risotto...maravilloso, de los que deja sin habla. (9.9€)
¿Y aquí?
Pues un huevazo a 62º de morirse (¿Por qué 62 y no 58 ó 65?). Navegando en una crema de calabaza y junto a  unas pipas de ídem fue un espectáculo sin paliativos. Sinceramente, debería haber pedido pan sin tomate para mojar hasta la última gota. (7.6€)
Por último, unos calçots brutales con crujientes de pan tostado y una crema de romesco espectacular. Más que recomendable, ideal para terminar una comida y llegar a los postres. (9.7€)
Finalmente, unos postres de altura. Pero de una altura como la torre del castillo medieval asediado de antes.
Brutales, ideal para golosos sin complejos.
Para ella, un crumble de frutos rojos en copa y de diseño arriesgado. Espectacular.
Para el que les escribe, una sorpresa:
Borracho de pan especiado con chocolate. Sin palabras. El pan es lo que está bajo esa bola de helado que recuerdo con lágrimas en los ojos. Festival del chocolate que se presenta en un envase mítico y por ello muy original. No puedo decir otra cosa que no sea espectacular o brutal. Fruto, sin duda, de una salvaje inspiración.
Y esto es lo que dio de sí la visita a Bohemic.
Resumiendo de forma sintética y no antitética: es un local obligatorio, necesario y que no decepciona. Con una fama menor de lo que seguramente debería. Se están cociendo buenas cosas en esa cocina. No se lo pierdan si pueden.



*El título del post es por una anécdota que me he reservado y que solo explicaré en mis memorias dentro de 45 años. Por eso el post ha quedado algo raruno, porque lo he manipulado más de lo que debiera en el debate filosófico de si incluirla o no. Al final, no.

25.6.12

Fábrica Moritz. Los sueños cerveceros se pueden hacer realidad.

FÀBRICA MORITZ BARCELONA, Ronda Sant Antoni 39, entre Muntaner y Casanova, en el limes.
Tiempo hace ya de la primera visita que los Bagel hicieron a Can Moritz. De hecho fuimos la semana siguiente de abrir o algo así. Percibíamos que iba a ser algo grande. Ya no recuerdo las fechas, pero sí las sensaciones y la experiencia.

En aquel momento por alguna extraña razón no hice un post sobre ello (nadie es perfecto aunque lo parezca), y tras haber vuelto recientemente pensé en unir las experiencias en un humilde resumen visual que intentara transmitir lo que es la gastronomía en la factoría del señor de Pfaffenhoffen

O lo que es la fábrica en sí. Es difícil de explicar; son muchas cosas en una, muchos espacios. O lo serán. Restaurante, barra, bar de vinos, Store, espacios para eventos...Algunos funcionan ya, otros están a punto de ser inaugurados (aunque me parece que con retraso en algún caso, o al menos me suena haber leído otras fechas) pero creo que como centro gastronómico de referencia en la ciudad tiene mucho que decir.

Y lo digo porque realmente el localazo es una maravilla. Buen gusto, buena organización y buen comer y sobre todo beber. ¿Qué se necesita más? Alguno dirá aquello de que todo es fachada, que si no sé dónde se come mejor, más barato y el camarero es más simpático. Puede ser. Pero en Moritz van a comer muy bien, no es caro y son muy simpáticos. Como suele pasar en estos casos, a veces se critica la propuesta maximalista dependiendo de donde venga la iniciativa. A mi lo que me gusta, me gusta, sin preguntar quién está detrás o si es una franquicia o un bar de vermuts de toda la vida. 

Y además el local está de moda, porque Moritz se trabaja unas iniciativas originales e interesantes que tienen poco parangón en el mundillo. Vean si no su campaña sobre Polonia en la Euro 2012. Brutal. Gran trabajo de comunicación y marketing. Como aquello de las visitas a la fábrica que no sé si aún realizan pero que era otro de esos detalles que marca la diferencia. De forma gratuita, una visita a las entrañas de la bestia y ver la historia del local, o la historia a secas. Muy fans.

Vayamos a la gastronomia. El día de autos comimos lo que viene a continuación:
Coca de recapte, espectacular.
Salchicha alemana que no recuerdo la variedad a la cual solo le criticaría el pobre acompañamiento.
Bomba bombaza que fue un triunfo total.
Croqueta (más de una cayó) que recuerdo con placer.
Alcachofas fritas de un nivel más que bueno.
Y entonces un día volví a desayunar de esa forma que hacemos los modernos con pretensiones que no es otra que como se hacía antes, cuando consideraríamos vintage. Vaya, un desayuno con tenedor. Vaya, un brunch. Vaya, lo que sería desayunar lo que te podrías comer a las 2 de la tarde. Algo que no se ha inventado precisamente ahora.
Y decidí hacer un desayuno fuerte. De los de coger fuerza para un largo día. Patatas y carne. Así que me decidí por las patatas en honor del Sr. Moritz, las Pfaffenhoffen, que como dije en Twitter, debe significar orgasmo en alemán de algún cantón suizo. Mezclar patatas, carne y bechamel en el mismo plato es lo más. Pecaminoso.
Y luego una butifarra catalana con un panazo tostado que era para desvanecerse in situ. Vaya tostadas de calidad y qué mezcla con la butifarra. Lo que era un desayuno Pagés. Fuerza. Y honor.
Al plato le juntamos la caña y el café de postre y sale por unos 8€ si no recuerdo mal. Las patatas unos 3'5-4€.

En resumen, un lugar al que ir más. A disfrutar. Y a beber cervezas como si no hubiese un mañana.
Conviértanse en los Willi Wonka de la Fábrica. (No podía no hacer este comentario, alguién no me lo hubiese perdonado). Y cuenten.

7.5.12

TICKETS. El show de los Adrià en Barcelona.

TICKETS Experience.
Tickets Bar, Avinguda Paral·lel 164, metro Poble Sec. 


Es bastante complicado definir o relatar la experiencia Tickets. A veces me siento eufórico y creo haber estado en el Paraíso de la creatividad y en otras me siento como el típico hortereta que creyendo estar en el Bulli es capaz de gastarse una pasta por un sucedáneo para guiris ilusos (o no tan guiris) que reservan con dos meses de antelación. Dualidad.
Pero personalmente me encanta la experiencia gastronómica.
Al final intentaré decidirme.

Decir también que toda la parafernalia que despliegan, desde el portero hasta unos camareros increíblementes simpáticos, son o pueden ser discutidos si quieren, pero no lo haremos hoy.



No estuve (para mi desgracia eterna) en el Bulli y por eso supongo que miro con tan buenos ojos este Tickets paralelo. Uno llega donde puede llegar.
Impresiona ver la cantidad de gente que trabaja por todos lados. Una cocina más llena que mi clase del año que viene, y que evidentemente hay que pagar luego. No me parece nada mal. Otra cosa es que debatamos desde el más absoluto desconocimiento si eso es necesario o no. Ustedes dirán si tienen elementos de debate y quieren polemizar.


La carta de Tickets no es excesivamente amplia y cuando ya has ido previamente a darte un festín, hay poco más que probar. Pero lo que hay es muy atractivo. Algunas cosas más que otras, como siempre, pero con un alto nivel medio.

De todas formas hay platos a los que su fama les precede, como son las olivas, y que son necesarias SIEMPRE. Difícil de explicar lo que provocan algunos de esos bocados. Se debería poder ir a hacer el vermut, con unas olivitas y casi que nada más.



El segundo plato obligatorio, es el Jamón de Toro, una ventresca de atún con grasa de jamón que sorprende por una textura muy curiosa, pero que al final pierde un poco de gracias por la presencia arrebatadora de unas divinas huevas salmoneras, mucho más potentes. Pero hay que pedirlo.
Luego nos pedimos lo que al final fue lo más prescindible de la comida, unas algas Codium tempureras, que eran algo insulsas, pero que fueron mejorando hacia el final. Creo que con un par de kilos les hubiésemos cogido bien el gusto .
Tras esto, el maravilloso canelón de aguacate relleno de buey de mar. Lo mejor de la comida (en mi humilde opinión), con un sabor potente, contundente, junto a la suavidad grasa del aguacate. Combinación ganadora.
Luego nos llegó un cornete de tartar de tomate con huevo esferificado, a degustar en tres movimientos. Muy interesante la combinación aunque la mejor parte es la que se vislumbra. Con el "huevo" coronando el cono.
Navajas a la plancha con jengibre por un lado y espuma de limón por otra. Carnosísimas, sabrosas, tremendas.
Pocas veces tan poco fue tanto. Mollete de papada, alias McDonalds, al que solo le falta algún tipo de salsa glamourosa que pueda redondear la experiencia. Es un bocado exquisito y del que se suele repetir. No hay más secreto.
Anchoas del Cantábrico con pan de cristal con tomate. Espectacular. No sé si son anchoas o crías de tiburón, pero son increíbles. Un placer.
Y para el final te dejan uno de esos bocados poderosísimos en sabor que arrasan con todo lo que has comido anteriormente. Lo digo por el shock del sabor, no porque sea lo mejor de la comida, aunque podría llegar a serlo. Ravioli líquido de queso Payoyo. El nombre no le hace justicia.
Y para finalizar, de postre, Bosque animado, que como es más secreto y no te dicen ni lo que lleva, no lo voy a poner. Descúbranlo!!
Precio final, junto a dos cañas previas y una botella de Inèdit, unos 50 y poco por boca.



En definitiva, que a mi me encanta Tickets
No sé si es el low-cost de los high-costs o el high-cost de los low-costs pero a mi me encanta ir y disfrutarlo. Hay que ir al menos una vez, probarlo y decidir si es un timo o un local necesario. Para mi es necesario, no lo repito más. Si quieres vas y si no quieres, pues no, pero tener la opción de ir y no probarlo puede ser una mala idea.

Y entiendo que haya gente que diga lo contrario, ya he mostrado alguna duda al principio, aunque no entiendo la crítica por la crítica. Lo digo porque igual que puedo llegar a pensar que soy un iluso horteril al que podrían timar con un sucedáneo bulliesco, existe otra corriente de pensamiento gastronómico que se intenta cargar de forma destructiva todo lo que suene a creatividad o a Bulli, reduciendo el análisis a que si te quedas con hambre o a que te engañan con efectos especiales.
Eso si que me parece más garruláceo.
Quiero más Tickets. Experiencias. 


15.3.12

Federal Cafe. Brunch imperial en Barcelona.

Federal, C/Parlament 39, junto a Mercat de Sant Antoni. Barcelona City.

El Federal es un local increíble. Va a gustar mucho o no va a interesar nada, por su propuesta. Y puedo entenderlo. Hay gente reacia a ciertos conceptos gastronómicos o a lo que se consideran modas pasajeras transatlánticas.
El local que nos ocupa hoy es algo así como un café-restaurante apto solamente para mentes abiertas al brunching y prácticas similares. Es mi caso, lo confieso, soy un pecador que peca demasiado y cae rendido a ciertas modas. Así que para adentro.

Es un espacio muy cuidado, muy bien decorado, minimalista, maderero. Bonito, por qué no decirlo. Acogedor. Ocupa tres plantas no muy grandes y por eso siempre las encuentras rebosantes, culminando con una terraza de la que no hay fotos al estar llenísima de gente y pensar que no se iba a ver nada interesante. Por lo mismo, tampoco hay foto del nivel calle, además que ponerse delante de tanta gente a hacer una foto pues me daba vergüenza, la verdad. En el nivel calle existen un par de mesas grandes de ésas que se comparten con cualquiera. Tendencia. Es lo que se lleva.

Pero se hacen a la idea del lugar viendo la planta central y esa escalera hacia el cielo.

En el Federal se puede comer esto: (menú de mañana)


En resumen es lo siguiente: Platos para desayunar de tenedor, como huevos de corral revueltos (a tunear al gusto con diversos complementos), huevos al horno, bocadillos, hamburguesas, huevos rancheros, etc. Mucho huevo veo ahora que lo escribo. Y opción desayuno "normal": croissants, incluso rellenos de tomate y mozzarella, cupcakes, tartas, muffins, bizcochos, zumos hipernaturales, batidos variados como de plátano y chocolate, bebida de sáuco...Vamos, como para ir a las 9 am y comer como si fueran las 3 de la tarde. Sí, porque abre diariamente de 8 hasta muy tarde por la noche y el sábado amplía, aunque domingo de 9 a 17'30h. El lunes cierra.


La chica que me atendió no es que fuese la más simpática sobre la Tierra, pero al menos era eficiente y a pesar de estar en la planta central, alejado del centro de acción cocinil, no se olvidó nunca de mi. Por lo que pude notar, el resto del staff era más dado a la sonrisa.

Es un local regentado por una pareja australiana, y el concepto pretendido es algo previsiblemente modernillo/cool. Y sé que eso a mucha gente no le gusta. Pero a mi si, reitero, y sentirme como si estuviese en el Village de NY pues me parece ideal. Uno no es demasiado ambicioso y realmente el ambiente que se crea en este local cuela, así que me encanta.

¿Precio? Pues pagas por un desayuno como el que ven lo que pagarías por comer. De hecho, es una comida. Sale por unos 12€ el platazo más zumo y café. No es barato, claro, pero el precio siempre depende de la experiencia, y a mi me salió a cuenta. Si comen esto a las 11'30h de la mañana, se ahorran o el desayuno o la comida. Hacen un brunch, y si lo miran así, pues ya no está tan mal. 2 en 1. Les dejo también una foto del croissant relleno de tomate y mozzarella y de un muffin de mantequilla y chocolate como bonus, de una visita anterior más rápida.

Plato: Huevos del corral revueltos sobre tostadas y complementados con cebolla caramelizada y pesto. El pesto, de los mejores que recuerdo, con tropezones, rústico.




Ustedes deciden. Para mi vale la pena. ¿Le dan una oportunidad? ¿Sí? ¿No?